El metabolismo es un proceso por el cual el cuerpo descompone los alimentos ingeridos y los convierte en energía. El consumo de agua está directamente relacionado con la ganancia de energía ya que juegan un papel fundamental en los procesos metabólicos del organismo que regulan todas las funciones del cuerpo. Debido a que el agua constituye casi el 90 % del plasma sanguíneo, mantener el cuerpo bien hidratad mantiene el volumen de sangre alto. Al aumentar el consumo del agua se obtiene más oxigeno en los músculos para que puedan gastar mucha más energía.
El cuerpo necesita agua para mantener todas las funciones fisiológicas normales como la respiración, circulación y excreción. Muy pocas personas piensan en el agua como nutriente, pero teniendo en cuenta que el agua representa más de dos tercios del peso corporal de una persona, es uno de los nutrientes más esenciales de todas las personas. Se recomienda a muchas personas beber entre ocho a diez vasos de agua por día, esto sugiere que el aumento de volumen de líquido en el cuerpo puede ayudar a descomponer la grasa.
Investigaciones demuestran que también el cuerpo necesita tres gramos líquidos par romper cada gramo de hidratos de carbono que una persona consume para aumentar el metabolismo. Por otra parte el no beber la suficiente agua conlleva a la deshidratación que puede ralentizar el metabolismo. Una buena regla para mantener en orden el agua de nuestro organismo es beber agua durante todo el día antes de tener sed. Si espera a tener sed para bebe, su cuerpo ya está empezando a deshidratarse.
A pesar de que el la función de los riñones el procesar el agua y eliminar las toxinas del cuerpo, cuando el cuerpo se deshidrata el hígado se hace cargo. El trabajo del hígado es el de convertir la grasa almacenada en energía, pero si los riñones no reciben agua, el hígado tiene que ayudar. Desafortunadamente esto deja menos tiempo del hígado para metabolizar la grasa ya que comienza a acumularse líquido en su lugar.
El beber suficiente agua aumenta la tasa metabólica y permite que el hígado se centre en su papel principal que es el del almacenamiento de glucógeno en lugar de la retención de líquidos.

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