
Aunque a muchas personas les cueste reconocerlo, “dieta” es una palabra que exclusivamente se arraiga como un método para reducir de peso. No sabemos desde cuándo esta idea prevalece incluso dentro de la comunidad médica; es un misterio por resolver. Pero recordemos que dieta es todo lo que comemos. Son nuestros hábitos alimenticios, la cantidad y la variedad de alimentos que consumimos diariamente.
No se puede generalizar cuando se habla de dietas y tal vez en este blog lo hemos hecho. Los procesos metabólicos son distintos en las personas, es decir, la forma en que procesa los alimentos consumidos para producir energía. En algunas existen similitudes, por supuesto; de ahí que haya personas que comen mucho pero no suben de peso, mientras que otras comen poco o más o menos dentro de lo que consideran sus límites y se mantienen arriba de su peso normal.
Este es otro factor que tiene que mirarse con más cuidado respecto a las dietas: no sólo es un factor de peso. Tener el peso ideal no significa necesariamente que estemos bien de salud. Variables o situaciones como el grado de estrés, el hacer o no ejercicio, la forma en que digerimos la comida y lo que comemos entre desayuno, almuerzo y cena, pueden determinar más nuestra salud en general que el mismo peso.
Lo mejor que puede hacer antes de elegir una dieta es examinarse usted mismo(a). Con esto queremos decir que defina cuál es el objetivo o cuáles los objetivos que busca al emprender una dieta, un hábito particular al comer. “¿Quiero reducir o aumentar de peso?”; “¿Deseo sentirme mejor en general, sin que me moleste el estómago o sienta migrañas o mareos (o cualquier otro síntoma desagradable)?”; “¿Qué alimentos y/o bebidas puedo empezar a rechazar?”, son algunas de las preguntas que usted mismo(a) tendrá que contestarse.
De aquí en adelante, un(a) nutricionista calificado(a) le puede ayudar a elaborar un plan de dieta acorde a su intención.