La frustración como causa de la enfermedad es algo probado científicamente cada vez más. Los estados depresivos pueden conducir a ciclos de alteración psicológica muy crónicos, lo que obviamente desemboca en el menor rendimiento del cuerpo e incluso hasta su depauperación. Por este motivo, hay muchas instituciones de salud mental abarrotadas con muchos casos. También se tiene que tener en cuenta por supuesto la causa de tales males para poder hacer un tratamiento adecuado que pueda reducir o acabar la frustración. Esto puede conllevar más o menos tiempo, dependiendo del compromiso personal del paciente. De igual forma contribuye su entorno.
Si no se trata a tiempo, se puede llegar a la conclusión de que esto puede degenerar en un estado patológico psicológico conocido como neurosis, definido hace mucho por Sigmund Freud. Famoso psicólogo austríaco, este siempre puso como postulación primeriza de esta causa a los resentimientos y a las neuropatías generadas por traumas que se han producido de alguna manera en la primera infancia. La teoría fundamental de Freud al respecto dice que la etiología común de la enfermedad mental es siempre la frustración, el incumplimiento de deseos infantiles, jamás dominados y que se arraigaron hondamente en la mente del enfermo.
Lo anterior significa que se tiene que producir un cambio de actitud radical en las personas. Esto no es menos cierto al tratar de investigar los factores que desencadenan el constante apego por situaciones o por productos que supuestamente traen mayor felicidad a alguien. Pensamientos como no tengo lo que tiene el vecino o un amigo pueden ser recurrentes. Faltando un auto dominio necesario en esta área, es lógico que la frustración venga en forma repetida, y que incluso se sienta mayor frustración al saber que no se puede dominar la misma. En estos casos, hace falta un trabajo serio.
El mecanismo que se activa en la neurosis, según Freud, es no solo una pérdida de la realidad, sino una sustitución de ella. En consecuencia, la neurosis es una expresión de la rebeldía contra el mundo exterior, una incapacidad para adaptarse a la realidad. Los factores de desigualdad social pueden ser causa en mayor o menor grado de la frustración como desencadenante de la enfermedad. Por eso, es que hay ciertos enfermos que en realidad lo están no directamente por la acción de una bacteria o un microorganismo, sino porque están llenos de envidia. Esta envidia se acumula en su interior y produce malestar.
Guisnberg es un autor argentino que nos dice que las causas de la neurosis deben ser buscadas en los factores sociales como son trabajo, status, clase, entre otros. Lo que puede llevar a la pregunta de cuánto el gobierno influye en el bienestar de población.