
¿Por qué los(as) médicos(as) tienen al parecer en general una caligrafía ininteligible? ¿Acaso éste es un mandato poco conocido del llamado “juramento hipocrático”? “Más fea que letra de médico”; es un refrán que usan algunas personas para excusarse porque consideran que su estética al escribir es antiestética.
Y más sorprendente (lamentable en algunos desafortunados casos), es la capacidad supuesta o real de quienes atienden las droguerías. Papel en mano haga usted la cuenta: es raro que un(a) dispensario(a) se tome más de cinco segundos en descifrar el “jeroglífico” que tiene al frente. “¡Ah, sí! Esto es el Flematix; ya se lo traigo”, y lo tomamos como algo absolutamente normal, a menos de que usted sea lo suficientemente incisivo(a) para preguntarse por esta rara… ¿habilidad?
Pero no sólo la letra de médico se refiere a la forma en que escriben, al particular modo en que algunos(as) galenos(as) dejan brotar ese(a) artista abstracto(a) reprimido(a) según lo que sugieren sus “matachos”. También es la manera de hablar de una parte importante de la población médica. “Señora, lo que usted tiene es una obstrucción de las vías del sistema respiratorio que está impidiendo que usted inhale y exhale de manera repetida y consecuente”: ¡todo esto para decir que tiene una tos!
Y en cuanto a las actitudes… Hay médicos(as) que parece que cuando atienden a un(a) paciente lo hicieran como tomando café: mecánicamente, sin hacer pregunta alguna y tal vez como presurosos(as) de que la consulta termine lo más rápido posible. ¿Ha salido de algún consultorio con la sensación de que el médico no lo(a) auscultó sino que simplemente lo(a) despachó? ¿Hizo usted más preguntas al médico o a la médica que él o ella a su persona?
Si usted ingresó a este artículo pensando que sólo se hablaría de la caligrafía médica ya ve que no: la manera de hacer su trabajo estas personas es otra de las formas en las que la letra de médico alcanza unas expresiones, cada cierto tiempo, verdaderamente desconcertantes.