
Independientemente de la manera en que los lápices labiales se preparan para el mejoramiento de la belleza en las mujeres -a base de extractos de escamas de pescado-, es claro que uno de los accesorios de belleza más populares a lo largo de la historia son estos “caprichosos” aditamentos que son tan populares dentro del público femenino. Y decimos caprichosos porque hay una gran variedad de formas de lápices labiales diseñadas para que la mujer pueda hacer más llamativa de su boca de acuerdo con los cambiantes cánones de pintarse los labios de acuerdo a la temporada o las circunstancias.
La historia de los lápices labiales comenzó en forma a principios del siglo XX, cuando personas que visionaban productos para la estética personal comenzaron a notar que las damas siempre tenían que acudir a alguien experto que rediseñara sus labios a partir de la pintura, y no podían hacerlo ellas mismas. Esta necesidad obligó a la creación de los primeros pintalabios personales, que eran en verdad lápices modificados con elementos distintos al grafito, y que podían aplicarse sobre la piel de los labios sin causar irritación o molestia. Con el tiempo, el diseño audaz se impuso, y aparecieron los famosos lápices labiales que podían ajustarse dentro de una pequeña “vaina”, y podían sacarse o meterse a voluntad tan solo girando la parte de abajo.
Ya la mujer contaba con un adminículo que complementaba su intimidad, y esto la hizo mucho más deseable y a la vez independiente para el varón. Retocarse los labios en presencia de un grupo de caballeros, en una actitud sensual e intimista, era considerado en los años 20 como una invitación a la seducción. Aun hoy, esta actitud se considera, dependiendo del momento, como un reflejo que exhibe la disposición al flirteo. Después, el lápiz labial, aunque nació con la intención de hacer lucir más bonitas a todo tipo de féminas, adquirió una mirada en la sociedad mucho más familiar al ser utilizado con mayor frecuencia por las amas de casa.
El lápiz labial comenzó a ser más “atrevido” todavía, cuando se inventaron las pinturas de labios resistentes al agua, haciendo que las bocas de muchas mujeres en vestido de baño fueran el complemento perfecto de la apariencia de su figura. Con la aparición de iconos del cine como Sofía Loren y Brigitte Bardott entre mediados de los años 50 y principios de los 60 del siglo pasado, los labios gruesos empezaron a ser considerados epítomes de la belleza, de modo que los pintalabios se hicieron más gruesos. Y también más rojos. Así ha pasado, en parte, la historia a través del lápiz labial.












