Muchas veces te sientes abrumada por el peso después de realizar una dieta después de una semana y sientes que lo único que has perdido ha sido la paciencia y un poco de cordura. Pero antes de entrar en un ataque de pánico o algo relacionado a ponerte nerviosa ante el hecho de seguir una dieta y no haber perdido ningún kilo, la pregunta fundamental a todo esto a veces puede ser, ¿has estado tomando alguna droga vinculada al aumento de peso, como los antidepresivos?, si no es así puede que sea otro tipo de problemas. Aquí daremos algunas cuestiones.
Uno de los principales factores muchas veces esta vinculado a la Hormona de Cortisol, que muchas veces se encuentra vinculada con el estrés y puede estimular el apetito, especialmente en aquellas comidas las cuales muchas veces consideramos ricas, deliciosas y con muchas calorías. Aunque algunas personas crónicamente agotadas pueden aumentar el paquete de libras en el interior de su vientre debajo de los músculos abdominales y lamentablemente esto además de estrés puede llevar a aumentar un riesgo de enfermedad cardiaca. Para contrarrestar este caos hormonal y liberar toda la tensión acumulada se sugiere un entrenamiento sobre la depresión, muchas veces lo mas común se dice es tomar un buen baño caliente, esto además de relajarte, libera muchas tensiones, si tienes una tina de baño, no hay nada mas estimulante y relajante que esto.
Otras personas tienen un problema de salud no diagnosticado que también pueden afectar a su peso. En el caso de muchas mujeres delincuentes, un estudio demostró que estas mujeres a menudo pasan por un síndrome de ovario poli quístico a raíz de su estrés, el cual tiene como consecuencia la producción de hormonas andrógenos, las cuales traen una sobra en la ganancia del peso, así como periodos irregulares.
Otra condición relacionada con el estrés y el aumento de peso es la tiroiditis posparto, la cual afecta a más del 7% de las mujeres al año después de dar a luz, trayendo como consecuencia fatigas, palpitaciones y depresión, trayendo consigo una alteración drástica de los hábitos alimenticios.
El insomnio también genera cambios drásticos en la alimentación ya que daña el metabolismo de los carbohidratos aumentando la hormona cortisol induciendo a comer de noche.
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