
Las bebidas energéticas se han popularizado como sustituyentes de las bebidas sodas y “colas” (con alto contenido de cafeína; las energéticas también la tienen, pero añaden otros elementos que veremos más adelante), como líquidos refrescantes o bien para obtener un cúmulo de energía que supuestamente necesita una persona para rendir en una actividad específica. Muy distribuidas en bares, discotecas y también en estancos o sitios en donde se vende alcohol, las bebidas energéticas son consideradas por muchas personas como un refresco más, pero su uso descontrolado, sin tomar en cuenta las dosis necesarias para que su consumo sea seguro, y si se mezclan con licores o bebidas embriagantes, generan riesgos de salud de una gran gravedad.
En primer término, las bebidas energéticas no son propiamente estimulantes, sino que llevan al organismo a un estado de máxima alerta que el cerebro interpreta como tensión. La persona no está entonces “energizada” ni “estimulada”; su sistema nervioso se encuentra en un estado de alta vigilia momentáneo que nada tiene que ver con la fuerza impulsiva producida por la adrenalina, por lo que pasado el efecto dilatador psicológico de la bebida energética la persona se siente más cansada, agotada, pero sin una satisfacción calmante después de la emoción.
Los efectos engañosos de las bebidas energéticas, que se esconden bajo edulcorantes que en algunas personas causa la sensación de que se está tomando un líquido inofensivo, crean hábito en el cuerpo debido a los componentes que, junto a la cafeína, tienen las llamadas bebidas energéticas o “bebidas energizantes”. Son los hidratos de carbono y proteínas que, de existir una sobredosis no será nada bueno para el cuerpo el efecto acumulativo y que puede desencadenar en estados de cuidado como hiperventilación, mareos, vómitos, alucinaciones y, en algunos casos, un paro respiratorio o cardiaco.
Las “energy drinks”, si se toman con moderación, en los momentos adecuados, pueden resultar de gran ayuda para la restitución de la energía y el mejor funcionamiento del organismo, pero en ningún caso su uso continuado puede ser considerado un beneficio. Los niños nunca deben ingerir esta clase de compuestos, pues aunque ellos derrochan generalmente mucha energía en sus actividades cotidianas, no necesitan de esta clase de suplemento. Para las llamadas fiestas de música electrónicas, “rumbas” u otro tipo de acontecimientos, las bebidas energéticas tampoco son recomendables, pues allí no se exige un rendimiento físico atlético en ningún caso (a menos que se sea bailarín profesional), sino que simplemente se va a pasar un rato de esparcimiento. Conciencia y control, son las actitudes clave para tomar adecuadamente las bebidas energéticas.












