Las enfermedades más mortales del mundo occidental en la actualidad son la arteriosclerosis y la enfermedad coronaria. El hombre puede colaborar para evitar los factores que las facilitan. La edad y el sexo son los que más contribuyen, y parece ser que las mujeres están más protegidas que los hombres durante los años premenopáusicos. La obesidad, la ingestión elevada de colesterol en individuos predispuestos, así como el tabaco, aumentan las posibilidades. Con una alimentación baja en hidratos de carbono y en colesterol disminuye el riesgo de obesidad y la posibilidad de que se formen depósitos ateromatosos en las arterias.
El ejercicio combinado con una cuidada alimentación contribuye a mantener al individuo en el peso óptimo que le corresponde por su estatura y edad, y el ejercicio progresivo mejorará el latido volumen y el rendimiento del corazón (…). El grado de actividad cardíaca se mide por el volumen minuto. El volumen de expulsión ventricular es la cantidad de sangre que expulsan los ventrículos en cada latido. Así, es fácil deducir que el volumen minuto es el resultado del producto del volumen de expulsión ventricular por la frecuencia cardíaca. Los atletas tienen un volumen alto y cuanto más entrenada se halle la persona, mayor será el papel del volumen de expulsión ventricular en la elevación del latido minuto que se observa con el ejercicio, y que provoca una reducción de la frecuencia cardíaca, con lo que la bomba aumenta su eficacia.
El latido cardiaco es la contracción de los ventrículos, y la frecuencia es el número de latidos por minuto. Esta varía de unas personas a otras, pero en un adulto en reposo puede oscilar entre 70 y 80 latidos por minuto. La frecuencia aumenta durante el ejercicio, ya que el corazón debe bombear una mayor cantidad de sangre a los músculos en acción y durante los estados emocionales, fiebre y en ciertas enfermedades. Durante el stress y los estados de ansiedad, las glándulas suprarrenales liberan la hormona adrenalina, que también provoca un aumento de la frecuencia cardíaca.
La tensión arterial no es más que la presión que ejerce sobre las paredes de las arterias la sangre impulsada por el ventrículo izquierdo. La presión sanguínea varía según las necesidades del organismo: disminuye en el reposo y aumenta con el movimiento. El ejercicio, la excitación, la ansiedad y el miedo producen un aumento de la tensión. Se necesita una presión sanguínea adecuada para garantizar el flujo de sangre hasta los tejidos, y ello depende de ciertos factores: el rendimiento cardíaco, es decir, la cantidad de sangre expulsada por cada ventrículo en un minuto, de la elasticidad de las arterias y del volumen total de sangre circundante.
Fuente: El Goce de Vivir; E.N.E.S.A, 1979; págs. 30-32
